"MIEKE BAL: NUEVAS FORMAS DE NARRAR EL PRESENTE" HÉCTOR TARANCÓN

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A lo largo de los cuatro prólogos de las diferentes ediciones de  Narratología hay una idea iluminadora que Mieke Bal va remarcando con el paso de los años: la presencia creciente de la narrativa en el mundo. De hecho, su intensidad es tal que no es exclusiva de la literatura, sino que se encuentra, también, en «los pleitos, las imágenes visuales, el discurso filosófico, la televisión, la argumentación, la enseñanza y la escritura de historia». De forma hábil, y muy clara, la teórica y crítica holandesa supo vaticinar y recorrer una dinámica que, desde hace unos años, ha impregnado la vida de tal manera que ya es inseparable de los acontecimientos que nos rodean. Ahora no importan tanto los argumentos —científicos, históricos o humanos— que se expongan como que la historia que se cuenta sirva a un relato superior aunque este sea mentira, irrelevante o ilógico. Por tanto, adentrarse en una teoría como esta, que disecciona las voces del narrador para descubrir los artificios, y los niveles aparentemente «inocentes» con los que el lenguaje nos atrapa y provoca emociones, es más importante que nunca.

Ante todo, la teoría para analizar los textos literarios que presenta Bal nace de «la necesidad de un discurso que haga cada interpretación expresable, accesible, comunicable», y es el germen teórico de la mayor parte de sus posteriores obras. A través de la semiótica, y el posestructuralismo, su pensamiento ha ido profundizando en los objetos culturales y ha tenido una gran influencia en la Historia del Arte y los Estudios Visuales, sobre todo en la apertura de los sistemas de análisis y su cuestionamiento, al introducir nuevos modos de mirar, explicar y medir el tiempo de recepción de las obras. Por ejemplo, en Reading Rembrandt (1996) reinterpretó las relaciones de poder en los desnudos femeninos con referencias teóricas feministas de los noventa, lo que suscitó muchas críticas en su momento.

Mieke Bal introduce una confrontación con la obra directa, despojada de teorías y actitudes que busquen los significados antes de leer/mirar todos sus elementos

Por eso desde el principio predomina un enfoque didáctico donde lo más importante es la expresión transparente y directa de los principales conceptos para que los estudiantes, o cualquier persona interesada, puedan comprender sin mayores obstáculos los argumentos. Esto provoca que sus ensayos se vacíen de referencias a otras teorías, y la evolución histórica de ciertos conceptos, para concentrarse en el proceso y la exposición ordenada de cada apartado. Para ello, el desarrollo del contenido se apoya en un estilo literario que combina la exposición teórica con otra más retórica para plantear preguntas, insinuar posibles soluciones y hacer que el proceso de deducción sea lo más orgánico y cotidiano posible, como si, de tan evidente, esa verdad hubiera permanecido invisible hasta ahora. Aunque ese camino no siempre es lineal, y es en las posibilidades —el juego de que, al principio, la interpretación puede dar como válidas varias cosas al mismo tiempo, aunque sean contrarias— y las tentaciones —los senderos a evitar— donde tiene su verdadera fuerza, y funciona como una clase magistral en la que la profesora te enseña, acompaña y eventualmente —inevitablemente— acaba dejando que sea el alumno —el lector— quien formule su propio análisis.

“Preguntar no de dónde vienen las palabras y quién las pronuncia, sino qué es lo que, en el juego de la fantasía, se nos propone creer o ver”

Lo que desencadena lo anterior, pues, es una escritura teórica anclada en la elasticidad del lenguaje y la posibilidad de reflexionar sobre las imágenes y las narrativas que nos rodean —y asaltan— cada día, especialmente a través de sus detalles, que son los que van dando una forma real al conjunto. Visto de esta manera, se podría decir que el objetivo de Bal siempre ha sido el de ensanchar los límites de la interpretación para establecer nuevas conexiones entre las teorías y los objetos culturales desde la propia exposición de sus características. De hecho, esta búsqueda constante ha sido el detonante de que, con los años, haya reformulado muchos de sus textos —según han ido apareciendo nuevas ediciones— para adaptarlos a los nuevos tiempos y facilitar su comprensión.

Concretamente, Narratología es un buen ejemplo, ya que permite comprobar esa reescritura de dos formas diferentes. Una de ellas alude a los distintos prefacios que fue elaborando Bal. En el primero, de 1985, sienta las bases principales del ensayo, sobre todo en lo referente a su estructura:

Las decisiones que he tomado en este libro nacen de la convicción de que una exposición sistemática de una teoría que parte de la definición y muestre a cada paso su propia estructura y la necesidad de sus propias fases, es más fácil de entender para los principiantes que un estudio plural de muy diferentes teorías, con nombres, términos y, especialmente, argumentos heterogéneos.

Aunque reconoce, unos párrafos después, que el alcance de la teoría es limitado, su principal virtud es que ofrece un sistema expuesto de manera sencilla y ordenada para interpretar, de la manera más objetiva posible, los textos narrativos. Y, sobre todo, que estos análisis pueden llevarlos a cabo los estudiantes con cierta facilidad debido a la renuncia de algunas cosas. En el prólogo de 1997, la teórica holandesa confirma la reelaboración de algunas partes para hacerlas más comprensibles, cambia el orden de las partes (invirtiendo el inicial, fábula, historia y texto) e incide en que es un libro sobre el análisis textual para el público general. Esto último es esencial, ya que, para ella, hay una contraparte: «Parece que, con el crecimiento del estudio de la narrativa, el interés por lo que hace que las narraciones “sean” o “se presenten” como narrativas no ha hecho más que disminuir. Parte de la culpa de esta discrepancia la tiene la narratología, con sus pretensiones positivistas, sus limitaciones formalistas y su jerga idiosincrásica e inaccesible». De ahí que, de nuevo, el principal pilar del libro sea la reelaboración de la complejidad del posestructuralismo para hacerlo accesible.

Solo así es posible desmontar sus artificios y analizar las implicaciones artísticas, culturales e ideológicas de las narraciones, con todo lo que ello supone para la actualidad.

 

En el penúltimo prólogo, de 2008, limita la extensión del ensayo eliminando muchos ejemplos visuales y acortando otros literarios, además de reformular algunas explicaciones. Por último, en el de 2017, continúa con la eliminación de los ejemplos procedentes de las artes visuales, limitándose a lo estrictamente textual, y las referencias a otros estudios sobre este ámbito. Además, enfatiza el papel de la «focalización», que se verá más adelante: «Para preguntar no principalmente de dónde vienen las palabras y quién las pronuncia, sino qué es lo que, en el juego de la fantasía, se nos propone creer o ver ante nosotros, odiar, amar, admirar, discutir, estremecernos o asombrarnos».

Con todo esto, se puede decir que la edición actual confirma la necesidad de contar con un manual dirigido a los nuevos estudiantes para analizar los textos —ahora que la narrativa se encuentra más presente que nunca—. En paralelo, el texto de Akal ha rescatado los afinamientos y cambios de la última versión, mientras que la traducción de Cátedra se basaba en la primera de 1985. Como consecuencia, con estas alteraciones y reescrituras se puede decir que ambas publicaciones son, a la vez, tan similares como dispares, a la vez que permite otra manera de comprobar el proceso de reescritura de Bal.

Basta con comparar dos fragmentos para verificar que los cambios durante las sucesivas ediciones fueron profundos, y obligaron a la crítica holandesa a reexaminar sus propios postulados teóricos —algo que no es muy habitual, pues los textos teóricos se suelen reeditar sin apenas cambios—. El comienzo de la «Introducción» es una buena muestra ya que hay una aproximación mucho más directa, y árida, en el primer caso:

La Narratología es la teoría de los textos narrativos. Una teoría se define como conjunto sistemático de opiniones generalizadas sobre un segmento de la realidad [versión de Cátedra].
Comenzaremos con una serie de definiciones operativas, cuyo propósito es dotar al estudiante de narrativa de una serie de herramientas a las que pueda recurrir y le sirvan para contrastar con otros análisis e interpretaciones, y así comprobar su coherencia. En todo caso, se ofrecen no como la única verdad sobre el objeto en cuestión, sino más bien como una forma de hacerlo comprensible. La narratología como campo de estudio abarca el conjunto de teorías sobre los relatos, los textos narrativos, las imágenes, los espectáculos, los acontecimientos, en definitiva, sobre aquellos artefactos culturales que cuentan una historia [versión de Akal].
Tatiana Abellán, Sin título I, de la serie Vidas cruzadas, 2014. Cortesía de la artista
Tatiana Abellán, Sin título II, de la serie Vidas cruzadas, 2014. Cortesía de la artista
Tatiana Abellán, Sin título I, de la serie Vidas cruzadas, 2014. Cortesía de la artista
Tatiana Abellán, Sin título I, de la serie Vidas cruzadas, 2014. Cortesía de la artista
Louise Bourgeois, Araña, 1997. Vista de instalación en el Museo Guggenheim de Bilbao. Foto: Héctor Tarancón
Louise Bourgeois, Araña, 1997. Vista de instalación en el Museo Guggenheim de Bilbao. Foto: Héctor Tarancón
Mieke Bal, fotografía de Javier Carrión.
Mieke Bal, fotografía de Javier Carrión.

Por su parte, el comienzo de «Fábulas» también ayuda a ver la limpieza sucesiva de referencias que pudieran entorpecer la comprensión de la teoría en aras de una exposición directa y sencilla —y, sobre todo, muy didáctica y aclaradora—:

«Innombrables sont les récits du monde». Así comienza un artículo ya famoso de Roland Barthes que dio paso a una serie de nuevos desarrollos en la teoría de la fábula. A pesar de sus múltiples formas, el hecho de que los textos narrativos, reconocibles como tales, se puedan encontrar en todas las culturas, en todos los niveles de la sociedad, en todos los países y en todos los períodos de la historia humana, llevó a Barthes a concluir un modelo que hace que la narración sea reconocible como tal [versión de Cátedra].

Las fábulas de la mayoría de los textos narrativos muestran alguna forma de homología, tanto con la estructura de las frases como con la «vida real». En consecuencia, puede decirse que la mayoría de las fábulas están construidas según las exigencias de la lógica humana de los acontecimientos, siempre que este concepto no se entienda de forma demasiado restrictiva [versión de Akal].

Todo esto permite —muy en la línea de su pensamiento— una entrada mejor a las explicaciones, esquemas y distinciones de Narratología. La teoría que propone Bal para analizar los sistemas narrativos se compone de tres partes o conceptos: el texto narrativo (el medio por el que se expresa), la historia (la presentación de los acontecimientos) y la fábula (la secuencia de estos hechos). En esencia, «es a través del texto como el lector accede a la historia, de la que la fábula es, por así decirlo, una huella rememorativa que permanece en el lector una vez finalizada la lectura». Así, esta distinción permite separar cada aspecto en otras subpartes más pequeñas, de manera que el estudio de la narrativa permite adentrarse en casos que pueden parecer muy evidentes, y, con algo de disección, no lo son tanto.

Enfatiza el carácter poco «inocente» de la narrativa, que realza, invisibiliza y retuerce el lenguaje para provocar emociones en la ficción, pero también en la realidad

El narrador es uno de los engranajes fundamentales, ya que Bal no distingue entre la primera o tercera persona, o si es interno o externo, sino entre sus posiciones dentro de lo que se narra: si habla a través de un personaje, de otros o de sí mismo. Desde esta visión, el narrador casi siempre habla de algún modo, lo que afecta a cómo se recibe y percibe la veracidad de lo que dice (por ejemplo, se suele dudar menos de lo que dice de sí mismo aunque sea una ficción). Incluso las descripciones —como interrupciones del relato, y por tanto problemáticas para el flujo de la historia— poseen muchas variaciones en su motivación (una palabra que destaca Bal para hablar de si la propia descripción es una mera lista, es algo subjetivo, la introduce el narrador o este a través del personaje, o si es imposible distinguirla de la narración porque motiva una acción).


Este texto pertenece a “Textos compartidos”, una colaboración con el Sillón de Voltaire de EXIT MEDIA (España). Texto publicado originalmente en su web el 26 de junio del 2025. Link para leer completo: https://exitmedia.net/sillon-voltaire/mieke-bal-nuevas-formas-narrar-2025/