Balthus o el inexistente conde de Rola

Este pequeño libro reúne dos textos breves, apenas un puñado de folios, cuyos autores, primero un excelente y detallado fragmento biográfico de James Lord (Nueva Jesey, USA, 1922- Paris, Francia, 2009) y a continuación uno mucho más breve y circunstancial de Alice Bellony (1925 -fecha desconocida) que da una visión más periférica del personaje de Balthus en sus etapas ultimas, ya consagrado y dirigiendo la Villa Medici en Roma. Editado  en español por Elba, en Barcelona, en 2012, recupera la figura siempre misteriosa  del pintor Balthus, y en estas pocas páginas, finalmente, aprenderemos más sobre el artista y la persona que en prácticamente todas las enciclopedias e historias del arte en el que si se le menciona será de forma breve e imprecisa, de soslayo, ya que tanto su obra como su figura y personalidad son un excepción, una alteración, una especie de error, en esa línea tan aparentemente discontinua de la historia del arte que se convierte en un rio sereno y navegable en las manos de los historiadores y expertos en el arte y todo lo que rodea a los artistas de cualquier época.

James Lord, escritor, coleccionista y vividor, conoció a Balthus personalmente, y escribe a partir de su relación con el artista, al que conoce en 1950, y con su entorno. Este texto, “El extraño caso del conde de Rola”, forma parte de sus memorias “Some Remarkable Men”, publicado en Nueva York en 1996 (no traducido al español). James Lord fue uno de esos caballeros que deambulaban entre artistas y celebridades en Paris durante el periodo de entreguerras, y por este texto (al igual que por su biografía, en mayor cantidad) desfilan todo tipo de personajes, y también algunos hombres realmente interesantes: especialmente artistas y coleccionistas. Aquí una figura central será Dora Maar, amiga, por lo menos temporalmente de Lord, entre otros muchos.

“Picasso había oído hablar de él y ya había adquirido una de sus pinturas. Rile le conocía desde que era niño. Derain, Gide, Giacometti, Andrè Breton, Max Ernst, Marie-Laure de Noaillles y muchos de los Rothschild eran amigos suyos”. Con esta frase inicia el texto James Lord, pero no se ilusione nadie porque el texto completo no es en absoluto admirativo ni elogioso. Personalmente creo que es un texto que define, presenta y dibuja una personalidad difícil, ambigua, a ratos asombrosa y a ratos despreciable. Lord escribe el texto entre 1953 y 1957, es decir, cuando ya había tratado más ampliamente a Balthus, había tenido experiencias personales con él y había observado su evolución personal en un ambiente casi de pueblo, pequeño y un tanto claustrofóbico como la sociedad artística de Paris en esos años, donde todos y todas eran amigos, amantes, enemigos y vecinos, se compraban y vendían entre ellos, cenaban y viajaban juntos, se admiraban y despreciaban, en fin se conocían bien. El lector asiste a sus vivencias desde las mesas de los restaurantes de moda, hasta los salones de sus residencias, a su vida privada desde un palco en el que te puedes escandalizar, asombrar, admirar al personaje, que es incomprensible si nos ajustamos a las normas éticas y correctas de la sociedad y a moral.

Porque Balthus era un artista por decisión propia, desde niño. Pero no un artista normal. Balthus lo que quiso era ser el más grande, el nexo del arte histórico, el del pasado, el gran arte, con un futuro improbable. No cualquier artista. Hoy sabemos que no lo logro, y que, aunque su obra es original, diferente y excepcional, ni es una de las grandes producciones de su época ni el gran artista que siempre pensó que era.  En cambio, asistimos a una personalidad miserable, falsa, ensimismada y a veces incomprensible. Tal vez todo se pueda resumir en el título del texto de Lord “El extraño caso del conde de Rola”. EL conde de Rola título nobiliario polaco muy menor existe, pero nunca estuvo en su familia. Él nunca fue conde ni ostentó ningún título real, el título y su auto atribución son una gran mentira que todos conocían, pero aun así así fue llamado y conocido por muchos. Una prueba absurda de su afán por destacar, su ansía de reconocimiento, su megalomanía y aires de grandeza, la egocéntrica figura que despreció a todos sus contemporáneos, con excepción de Giacometti, surrealistas, impresionistas, dadaístas, realistas y abstractos.

Michel Balthazar (Balthus) Klossowski nació en París el 29 de febrero de 1908, algo que le serviría para no cumplir años más que una vez cada cuatro, marcando las diferencias desde el principio. El seria siempre más joven que todos los demás, por decisión propia. Segundo hijo de unos nobles polacos menores, desterrados y sin título ni tierras, que pertenecían a la sociedad cultural del momento en París, amigos de Rilke, y su madre una pintora aficionada que congregaría todo el desprecio artístico de su hijo menor. El hermano mayor, también artista y también misterioso y en cierto grado también perverso, es Pierre Klossowski, un artista menos falsario que Balthus pero muy interesante también.  La pintura de Balthus, siempre realista, siempre narrativa, de escenas extrañas, entre surreales y eróticas, plagadas de niñas preadolescentes y gatos, de interiores extraños y de exteriores estáticos, es ciertamente inconfundible, pero hoy en día seria también absolutamente improbable. Balthus reúne en su sueño de grandiosidad artística su obsesión por las niñas prepúberes y los gatos, un binomio paralelo a otro hoy mu cuestionado: intelectual maduro francés y sexo infantil. Algo que en Francia nunca ha sido un escándalo, pero que seguramente al lector no dejara de asombrarle al revisar la vida y la obra de Balthus. Un imposible conde polaco muy francés.  Lord nos desgrana, y no voy a hacer espóiler, parte de sus grandezas y miserias de forma directa, clara y muy inteligente y medida. Una lectura rica y necesaria para todos los que, como a mí, nos gusta la obra aunque nos repugne la persona.

 

Alice Bellony, mujer del historiador John Rewald (gran experto en impresionismo y pintura francesa de finales del siglo XIX y buen coleccionista) conoció a Balthus ya en 1968, cuando este tenía un importante cargo como director de la Villa Medici, con ocasión de que su esposo le pidió a Balthus que le hiciera un retrato, que nunca se acabó. Ella escribió este texto años después, y su interés es muy relativo.

Entre otros asuntos, este pequeño y esplendido libro plantea la gran duda de si la obra y el artista están inevitablemente unidos o se pueden analizar por separado una de otro de forma autónoma. ¿Podemos amar la obra y odiar al artista? Tal vez podamos perdonar al artista cualquier tipo de maldad, perversión, miseria humana, falta de moral o ética, simplemente porque su obra es realmente importante. O tal vez la repugnancia que el hombre puede despertar oscurezca la belleza y el interés de su obra. Cada lector, cada amante del arte y de la cultura, sin duda, tiene su propia respuesta.

Rosa Olivares / Abril,2026

“Balthus”

James Lord
111 páginas
Elba, 2012.
Madrid. España